♠ A Mysterious Secret ♠ {Priv.}

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Presente ♠ A Mysterious Secret ♠ {Priv.}

Mensaje por Invitado el Miér Dic 18, 2013 7:26 pm



♠ A Mysterious Secret ♠


•Soundtrack•

¡¿Qué?! ¡Me niego!— Afirmó rotundamente, posicionando sus brazos delante de su rostro como si de una cruz se tratara. ¡Mal! ¡Prohibido! ¡¡No podía hacer eso!! Aun así la negación de Natsume no tuvo sentido alguno por la niña que aquél día había decidido hacer visita a los Nightray. Una niña pocos años menor que Natsume, pero mucho más egocéntrica de la que la heredera de los Tsuchimikado podría ser. Suzuka apoyó ambas manos en su cintura e inclinó su cuerpo hacia delante, observando fijamente "al chico" frente a ella. —¿Qué? ¿Crees qué está bien decir eso?— Preguntó con clara burla. La cadena bajó un poco sus brazos, observando a la ajena con un notorio sonrojo en sus mejillas. Miró a un lado y otro de la habitación con preocupación, buscando ayuda en su contratista, quien simplemente negó con el gesto de la cabeza. ¡Seguramente él solo quería que le dejaran en paz para poder dormir! ¡¡Debía de ser eso!! Si no ¿Por qué no la habría ayudad? ¡¿Acaso él también quería verlo?! Molesta por la negación recibida no dudó en levantar su mano al cielo de un momento a otro, gritando sin problema alguno. —¡Orden!—  Los objectos de la habitación comenzaron a levitar a su alrededor y no dudó en dirigir la mano hacia la pelirrubia ante ella. Lo malo fue que Natsume no tuvo en cuenta que posiblemente aquella "niña" también tuviera una cadena escondida. Eso mismo pasó, divertida Suzuka dio unos pasos hacia el frente y levantando su mano se dispuso a protegerse. —¡No me subestimes!— Aquella pobre habitación pronto se vio envuelta en aquella que parecía una guerra de cadenas. Todos los objectos explotaron en pedazos ante el ataque luminoso de la muchacha y el señor y amo del cuarto maldijo seguramente por enésima vez tener unas acompañantes tan ruidosas de buena mañana. Pero Natsume no tenía tiempo para preocuparse por la desesperanza de su contratista, pues no dudó en dar media vuelta y salir corriendo de la habitación cuya puerta estaba abierta. Suzuka no se lo permitió y tirándose hacia ella consiguió atraparla de los pies y tirarla al suelo.

¡Déjame ir, DÉJAME IR!— Pidió desesperada mientras intentaba sujetarse de cualquier cosa para poder avanzar, aunque si para ello tuviera que arrastrarse en el suelo... ¡No permitiría que aquella niña descubriera qué había allí dentro! Y aun así Suzuka estaba demasiado divertida con la reacción de la cadena como para dejarla ir sin siquiera intentar descubrir qué era su secreto. —¡No, ya te dije que no! ¿Por qué tienes esa reacción? ¿Qué hay en tú cuarto? ¡Me estás asustando!— Quizás la muchacha tuviera razón y la reacción de Natsume era demasiado desesperada como para afirmar que allí no había nada. Pero aun así no salió nada más que un desesperado y sutil "Noooo" de los labios de la cadena. Seguramente la mirada de Ryner y uno de los mayores de la mansión tuvo que ser todo un poema, aunque presentes, estaban demasiado sorprendidos y extrañados como para ayudar a una de las dos a cumplir con su deber. Pero quizás asustados o aburridos de aquella tragedia ambos chicos salieron de la habitación, dejando a ambas solas. Natsume en sus adentros prometió matarlos algún día, si Suzuka lo descubría... ¡¡Ella misma se los comería a ambos!!. —¡Ya cálmate y dime donde está tu cuarto!— Pronunció la rubia sacando cuerdas y comenzando así a inmovilizar a la chica, claramente, Natsume se debatió, de hecho, estuvo a punto de transformarse en una cadena si no fuera por aquél hechizo grabado en papel que utilizó para amordazarla. La visitante entendió que si su intención era la de entrar en la habitación de la Tsuchimikado no tenía otra alternativa más que encontrarla por si misma. Con un suspiro se levantó y la dejó allí en el suelo. Natsume pronunció palabras que salieron solo meros gemidos de los cuales no se entendía nada, pero sonaban amenazantes. Suzuka ignorándola desapareció por uno de los pasillos. Allí permaneció ella, incapaz de utilizar sus poderes, arrastrándose por el suelo en un desesperado intento de salir de aquella habitación que no le pertenecía.

Era estúpido todo aquello que había sucedido, sobretodo teniendo en cuenta que Suzuka era la hija de uno de los amigos cercanos del duque Nightray y Ryner se había ofrecido para hacerle pasar el tiempo. Pero cuando la muchacha quiso ver la habitación del dichoso, este no estuvo de acuerdo, aunque accedió. No había nada de extraño en esta y entonces ella decidió visitar la de su cadena solo que su negación había aumentado aun más la curiosidad ajena. Natsume por su parte no podía permitir que ella entrara en su habitación, además, debía asegurarse que su contratista y hermanastro de este recibieran su merecido castigo por haber ignorado sus peticiones de ayuda. Pero por el momento tenía otro trabajo que llevar a cabo, parar la curiosa muchacha sin importar que le costara. Fue así como empezó a deslizarse por el suelo de los pasillos con desesperación, antes que nada debía de encontrar una forma de liberarse de aquellas cuerdas que la mantenían presa y sucesivamente, una vez eso conseguido ya se preocuparía por parar las acciones de la contraria. Pero... ¿Donde se había metido?. —Mnhhh— Un peculiar grito salió de sus garganta, las palabras no pudieron salir, así que simplemente salían jadeos, extrañas combinaciones de letras sin sentido alguno. En aquella mansión no debían de haber muchas personas al momento, tan solo varios nobles perezosos como su contratista que preferían dormir a hacer cualquier cosa productiva que apareciera. Allí estaba la famosa Youko, deslizándose en tierra amordazada e incapaz de moverse además, un ténuo rubor adornaba sus mejillas, amenazando por descubrir lágrimas reprimidas. Y ella era un hombre. Claro.

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Mensaje por Invitado el Dom Ene 26, 2014 8:31 am

"Sí que son ruidosos en este lugar..." pensé al tiempo que enarcaba una ceja y miraba hacia el techo, mientras era conducida por un mayordomo hacia una habitación en la que pudiera esperar a que alguien atendiera mi visita. El mayordomo se detuvo por unos segundos también, mostrando una expresión de incredulidad muy parecida a la mía ante aquella extraña explosión suscitada en el piso de arriba; pero además de eso, pude notar una breve expresión de preocupación antes de que la resginación apareciera en sus facciones y siguiera andando como hacía unos segundos, como si nada de aquello hubiera sucedido. No me quedó de otra más que encogerme de hombros y seguir caminando tras de él.
Aún no comprendía del todo el porqué Xerxes me había pedido que fuera a la mansión de los Nightray, si para traer y llevar recados ya estaba el pelinegro ese que solía servir ciegamente al chico de los Vessalius. Pero como el humor del albino, por alguna extraña razón, se había visto muy irritable aquella mañana, preferí mejor guardar silencio, por el bien y seguridad de mi propia vida, y por esta vez obedecer sin quejarme. O al menos no demasiado.
Tampoco me extrañaba del todo que no se hubiera ofrecido a acompañarme, cuando últimamente había tomado la manía de pisarme los talones a cualquier lugar que fuera como si de una imitación un tanto torcida de un perro guardián se tratara. No comprendía esa última actitud suya de tenerme en constante vigilancia cuando se suponía que gozaba de su confianza y cuando con anterioridad había desempeñado la mayoría de mis trabajos en solitario y sin que él estuviera a mi lado para atestiguar del cumplimiento de los mismos. Lo que no me sorprendía era su reticencia a visitar la casa de los Nightray, pues no se había escapado de mi conocimiento cierta tensión tenida con un rubio, miembro de aquella peculiar familia de adoptados. El porqué de esto me tenía sin cuidado, tan era así que ni siquiera sabía la identidad del dichoso rubio, y no por no tener medios para averiguarlo, sino porque me interesaba en lo más mínimo las riñas que el peliblanco pudiera tener con sus compañeros de la organización de Pandora. Pero eso no quería decir que no estuviera alerta, y llegado el caso, estaba totalmente preparada para fungir mi papel como sirviente personal suya y protegerle. Por el momento, los juegos de niños no me interesaban.
Aunque ahora podía comprender otro motivo para no querer pisar aquella casa, y es que al parecer sus residentes estaban un tanto zafados de tornillos en la cabeza. 
Cuando el mayordomo me dejó sola en aquella habitación, tras rechazar amablemente su ofrecimiento de traerme alguna bebida que me pudiera apetecer, me quedé de pie en medio de la estancia, mirando con atención mi alrededor y con el ceño fruncido. Detestaba las cosas ostentosas, y esta mansión no se veía impune de ese calificativo. Tanto despilfarro de dinero en decoraciones que no resultaban prácticas me resultaba sumamente desagradable. Pero no iba a entrar en detalles, mi estadía allí distaba mucho de ir a críticar las casas ajenas. 
Suspiré y comencé a andar de un lado a otro de la estancia, no para admirar las artesanías costosas que me rodeaban, porque ciertamente no me interesaban y el hacerlo sólo incrementaría mi repudio hacia los nobles, sino porque necesitaba matar el tiempo con algo; y ya tenía la suficiente experiencia como para saber que me harían esperar, y mucho.
No habían pasado más de cinco minutos cuando ruidos al otro lado de la puerta se dejaro oír... pero no los pasos de alguien aproximándose, lo que yo deseaba, sino más bien algo como... ¿arrastrándose?
Me quedé unos segundos quieta, escuchando mejor para asegurarme que lo que mi oído captaba era ciertamente lo que mi mente se estaba imaginando. No me pude contener de dirigirme a la puerta y abrirla de golpe cuando escuché unos murmullos que ciertamente no eran normales.
Me quedé en el umbral de la puerta, observando al aparente muchacho que se desplazaba como si de un gusano se trataba por todo el suelo del pasillo, justo enfrente de la puerta que yo acababa de abrir. Lo observé pasmada en mi lugar, y con la duda y escepticismo adornando mi rostro mientras lo hacía por unos largos segundos en los cuales no me moví ni dije nada.
-Me pregunto si esto es, más que un orfanato, un hospital psiquíatrico... -susurré con total incredulidad antes de acercarme a la criatura rastrera y hacer algo por desatarle- ¿Y ahora a ti quién te secuestró? -pregunté sin poder evitar que un ligero tono burlón apareciera en mi timbre de voz. De cierta manera esto podía ser divertido. Le arranqué el sello que cubría su boca con muy poca delicadeza antes de dejar caer el papel al suelo sin miramientos y dirigirme a desatarle la cuerda de las muñecas.
Pero en cuanto le toqué, supe que algo no estaba bien. Fruncí el ceño con recelo y duda antes de volver a dirigirle una rápida mirada a toda su apariencia, para cerciorarme de que sí había visto bien. Y al parecer así era, pero...
¿Un chico? ¡Ja! Sí, como no.


Off: -se escucha un coro de ángeles cantando el "Aleluya" de fondo (?- xD
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