Residencia Valentine

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Presente Residencia Valentine

Mensaje por Invitado el Jue Mar 13, 2014 5:18 pm

Dirección: Los alcornocales y pinos, #6969
Residentes: Rebeca Valentine
Advertencia: Sin invitación no entres

Dormitorio
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Fachada:
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Cocina-bar:
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Salón:
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Oficina:
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Presente Re: Residencia Valentine

Mensaje por Invitado el Jue Mar 13, 2014 7:05 pm

El escondite

Aquella noche, la chica había arreglado poco su casa, tan solo tirando basura y apelotonando cosas en el armario, el cual no cuidaba demasiado, al igual que ella misma. Lo que a ella le gustaba era el pasillo, pues no había nada que recoger, solo barrer o fregar o pasar paño; miraba con orgullo aquella sección de la casa, para luego caer rendida al suelo, disfrutando de lo cómoda que era aquella superficie plana, formándose una sonrisa pequeña en su níveo rostro. 
Pero no podía estar ahí para siempre, tenía que comer, o beber algo, sino, se iba a quedar allí en el suelo para sus restos, o al menos, eso pensaba. Se levantó costosamente del sitio, anhelando mantenerse tumbada el resto de la noche, pero debía levantarse, tenía que hacerlo...! Para llegar a su querido alcohol, dulce néctar de los dioses, junto a su querido polvo blanco, de la cual ya tenía que ir a por más a su lugar a buen recaudo.
Llevaba una camiseta de mangas cortas, una rebeca que daba una sensación gustosa de calor, y unos pantalones largos, terminando con unos calcetines para andar en casa.Sus pasos eran lentos, y un bostezo salió de su boca; se rascó la nuca, moviendo sus cabellos en el acto, y luego, se dirigió a la cocina, la cual estaba franqueada por su barra, la cual había tardado en construir algo de tiempo, debido a las pocas ganas que tenía de coger cualquier herramienta.
Abrió la nevera, y su mirada se quedó fija en el interior, pero en pocos segundos cerró la puerta de esta, sin ganas de cocinar. En vez de eso, sacó una botella con bebida alcohólica en su interior, y lo colocó en la mesa, mientras que se envolvía sus propios pies en paño, para poder fregar su vivienda a gusto, sin tener que agacharse. Se colocó su reproductor de música en un bolsillo de la rebeca, y sus cascos en sus oídos, y empezó a reproducir una canción, dándole un sorbo a su bebida, directamente de la botella, depositándola nuevamente en la mesa.
Comenzó su cansada tarea de fregar, pero deslizándose por el suelo, como si fuese patinar, y que la casa fuese muy larga en vez de tener dos pisos era ventajoso en este sentido: no tendría que subir escaleras. Mientras hacía esto, sin darse cuenta, cantaba aquello que estaba escuchando, recorriendo cada rincón de la casa, bebiendo un gran trago cuando retornó al salón. 
Siguió entonando aquella canción que llegaba a sus oídos, sin desafinar en lo más mínimo, y a veces hasta saltaba en el sitio, pero se tambaleaba algo, debido a la gran cantidad de alcohol que había bebido. Se fue a donde estaba la puerta que llevaba a la calle, dándole un repaso, para luego seguir cantando el mismo tema.

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Presente Re: Residencia Valentine

Mensaje por Invitado el Dom Mar 23, 2014 10:39 pm

Hacía una noche insípida, una noche neutra. Era una de esas noches en las que secuestraban a alguien, en las que los jóvenes se reunían para compartir alcohol barato y los accidentes ocurrían. Una noche superlativa, sin sabor alguno. Pero en sus relatos no estaban permitidas aquellas palabras, los adjetivos tenían que tener vida. ¿Cómo explicarle a un niño que lo gris era predominante en el mundo? Ningún niño debería darse cuenta de que el color no existía hasta entrar en la madurez. Al menos, Mattia BlackRose no quería ser el responsable de la muerte de la inocencia. Sin embargo sentía la boca seca, los músculos entumecidos y el pulso titubeante sobre la hoja en blanco. El único calificativo que acudía a su mente era insulso. Su humor era soso, la noche era inexpresiva, el papel reluciente era simple. ¿Qué historia podría cobrar vida bajo semejantes condiciones? ¡Ni el personaje más osado se atrevería a explorar semejante terreno! Abandonado hasta por sus creaciones, contemplaba absorto el ir y venir de una simpática mosca. ¿Simpática? En palabras del joven escritor sería anodina. Aquella noche todo era neutral, demasiado abismal para su antojo. Hacía dos semanas que no ingería nada de alcohol. He ahí el problema. ¡Tener fuerza de voluntad era imposible! ¡Su mundo giraba en torno a la bebida, a la embriaguez y a la magia del licor!

Maldita familia preocupada, nadie les había pedido que interfirieran en su vida. Bueno, en realidad sí, pero lo obviaría porque se creía con ese magistral derecho. ¿A quién podía acudir? Su amargado editor lo castigaría y tendría en su despacho escribiendo hasta bien entrada la madrugada. Era un plan horrible. Se rascó la coronilla, persiguiendo con su parda mirada la trayectoria del insecto, quizás tratando de adivinar el siguiente destino donde se apoyaría. Entrecerró los párpados, y sobresaltado por una repentina idea, se puso en pie. Siempre le quedaba ella. ¡Tal vez fuera la única persona a la que acudir en tal situación! Con cuidado de no despertar a los residentes de la morada, se puso el abrigo y salió por la puerta veloz cual alma llevada por el demonio. Era una comparación bastante certera e irónica. Aunque el taxista lo contempló con desconfianza por el espejo retrovisor, no musitó ni una sola palabra. A fin de cuentas, su trabajo era llevar a sus clientes a donde quisieran, no objetarles que horas eran esas para salir. ¡Aunque realmente le molestaba que lo despertaran! Ya era bastante deplorable que te tocase el turno nocturno como para que tarugos como Mattia te incordiaran. Lo que a aquel país le pasaba era que no educaban a sus jóvenes como debían, aquel señor estaba seguro de ello. Media hora más tarde, nuestro escritor estaba situado frente a la casa de su objetivo.

Aparecía sin avisar, como era costumbre en él. Si la llamase, existía la remota posibilidad de que se negase a recibirlo, y eso no podía pasar. Si se manifestaba de improviso no podría despacharlo. Era imposible. Hasta Julieta había sido vulnerable ante aquella táctica, era infalible. De verdad se disponía a llamar, pero quedó embobado por el espectáculo que desde la ventana se atisbaba. Así que no pudo evitar estampar su rostro contra el cristal y entornar los orbes para recibir imágenes más nítidas de la danzarina hogareña. ¡No cantaba nada mal! Aunque no es como si le importase realmente.  Pero, ¿qué le impedía halagarla un poco para ablandar sus ánimos? Así que se acercó a la puerta y la aporreó obviando al timbre. No pararía de llamar hasta que le abriese, estaba decidido a ello.—¡Oe! Rebe, abre o te denunciaré por cantar a semejantes horas. Podrías estar molestando a algún recién nacido, o celebrando una fiesta ilegal. Estoy a punto de morir por falta de alcohol, ¿acaso quieres que me muera en tu felpudo? Que por cierto, es hora de que lo vayas cambiando.—Era una noche sosa e insulsa, igualita a él. Y en medio de ella, se alzaba Mattia, saboreándola en todo su esplendor. La única diferencia entre ambos era que ella se sentía joven a pesar de sus millones de años y él se sentía demasiado viejo para su edad. Era una noche insípida, superlativa.
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Presente Re: Residencia Valentine

Mensaje por Invitado el Mar Mar 25, 2014 8:22 pm

La de ojos dorados escuchó los golpes en la puerta, y la miró confusa, pensando que sería quizás algún borracho, aunque por la voz, supo que sí era un borracho, pero un borracho bueno: Mattia, su amigo desde hace años. ¿Qué lo traería aquí? Ah, si lo estaba escuchando. Por supuesto que alcohol♥ Líquido de dioses, calmante de penas, inspiración para otros... ¡Ah, alcohol! ¿Qué se podría hacer sin ti? Por lo visto, Mattia, nada.
Sin poder reprimir una sonrisa, abre la puerta y pone sus manos en las de Mattia- Hola Mattia~-después de decir esto, tira de él hacia dentro, y cierra la puerta, para luego girarse en dirección al castaño-Tranquilo, tengo lo que necesitas -esto lo dice algo más seria, recobrando la compostura-Coge asiento en la barra, ahora te atiendo-va un momento al sofá, y se quita los paños de los pies, y los coloca en una de sus manos, mientras que con la otra coge la botella que había dejado en la pequeña mesa. Sus orbes pasaron una vista al contenedor, y se percata de que ya se había bebido gran parte de la botella. ¿Tanto había bebido? Bueno, eso explicaría la embriaguez que sentía en ese momento. Después de que Mattia se fuera, se daría una buena ducha, incluso si acaban a las dos de la mañana.
A paso más firme que el que tenía antes, va a la barra, y le pone el recipiente a Mattia delante suya -Ahora te pongo algo, pero mientras ten esto, por si quieres -sonríe de forma interesante, y entra en lo que era su cocina. Tira los paños a una papelera, y con brío, se lava las manos, y pasa un trapo a dos jarras de tamaño considerable, a las que ella llamaba Nórdicas. Había visto en bastantes películas de la televisión, y en bastantes libros que los vikingos brindaban con unas jarras grandes, así que ella, solo por curiosidad, adquirió algunas de esas.
En poco tiempo, las coloca a un lado de la barra, y saca un repertorio de bebidas alcohólicas- A gusto del consumidor. Elige -Tras esto, ella coge la botella de Licor de Manzana, y lo mezcla con algo de Whisky. Bebe directamente de la botella, y tras un gran sorbo, da un suspiro-quizás debería haber puesto refresco... -ella y sus particulares gustos.
Con un ágil movimiento, salta la barra, y se sienta al lado del pobre sujeto sin libertad para poner sus manos en una botella de alcohol-Tus hermanas no te dejan beber, ¿no? Si no recuerdo mal... -por unos momentos, parece que el alrededor no existe, y rebusca en su mente aquellos nombres, aunque ya las había visto de lejos cierta vez- Julieta y Violeta...-su vista se fija en la botella que tiene en sus manos, la cual movía levemente, viendo como el líquido que contenía se balanceaba con ese movimiento -Tiene que ser como el desierto... o peor-el tono de su voz era verdaderamente triste, como si fuese ella la que no pudiese beber alcohol- apuesto a que descubrieron tus escondites y ahora está peor que un terremoto de grado nueve -dijo esto sarcástica, algo divertida por lo que ella se imaginaba.
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