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Mensaje por Dia Baskerville el Vie Abr 04, 2014 11:37 pm



♣Ô Souffrance♣




El viento soplaba con fuerza. Unas castañas hebras se balanceaban al frenético compás. Bailando. Bailando. Bailando. Bailando con silencio sepulcral. Ella dio un paso atrás, uno más, acompañando finalmente por el tercero. Ambas manos se extendieron a derecha e izquierda y finalmente comenzó a dar vueltas sobre el propio eje, en la soledad de las desoladas tierras de aquél lejano lugar. De aquél maldito lar cuyas orígenes eran desconocidas a alma viva. Estaba sola, incluso el carruaje que la había llevado hasta ese lugar se había alejado. Las puertas cerradas de aquella misteriosa ciudad le impedían el paso e incluso ignoraban sus palabras, como si no fuera más que un espejismo. Además de ello, solo piedras y tierra se levantaban bajo sus pies y lentamente, la rojiza capa, símbolo de los dioses de la muerte empezó a danzar junto a ella, al igual que el polvo, cada molécula de la tierra, de ese lugar, el tiempo y el espacio, incluso el cielo y la tierra. No había necesidad de poderes divinos para hacer que el tiempo danzara a su propio ritmo, siquiera una mente diferente a la de los demás, que Dia estuviera manchada por la locura nada tenía que ver, solo que, a diferencia de muchos su perspectiva era diferente. El cielo y la tierra danzaban a su ritmo con el mero hecho de desearlo, de imaginarlo, solo por ese simple acto carente de dificultad alguna. Limites cortados, lógica ahogada y leyes físicas ahorcadas ¡¡A todo debía darle muerte!! ¡¡A todo daría muerte!! De hecho, ya lo había hecho, dentro de sus límites, de su mente, hacía años se había tomado la molestia de estrangular ella misma la moral y el sentido común, con sus propias inmaculadas manos. ¿Las demás personas? Ellas pensando que es algo universal no se atreven a tocar esa moral, ese sentido común que todos siguen como una ley, al carecer de otra meta en común. Esclavizados, meras muñecas de algo inexistente. Tonto. ¿Ella? Ella seguía su propia lógica, una aterradora y única, que muchos consideraban incorrecta. Una ligera mueca se formó en sus labios y lentamente, se vio incapaz de controlar el propio cuerpo. ¡El mundo se volvía irreal, mera ilusión! ¿Por qué? ¿Acaso no debería ser real? Entonces ¿Qué tal si realmente no existiera, si siquiera ella y los demás fueran reales?.

Sus orbes se abrieron más de la cuenta y de sus labios escapó una afirmación de sorpresa en cuanto paró y su nublada y mareada mente la hizo caer hacia atrás, cayendo estrepitosamente en el suelo, con sus cabellos y capa formando una mancha carmín en medio del amarillo suelo árido. Abrió sus ojos, fijando su mirar en el cielo, entrecerrando sus ojos ante el sol y se retorció un poco, permaneciendo aun así postrada, en aquella mancha, con sus castañas hebras a su alrededor. No había nada y el silencio era amo y señor, algo que consideraba desagradable a más no poder, algo aterrador, el silencio que carcomía su mente, el vacío que no podía quebrantar con facilidad. —Astro rey ¿A qué se debe tú silencio? Estoy tan aburrida aquí abajo, con los tontos que no quieren abrir sus puertas y siquiera se atreven a hablar.— Cerró sus ojos, desilusionada, aburrida. Ambas manos se juntaron encima de su vientre, juntadas en un pequeño puño y ladeó su cabeza a un lado, frunciendo el ceño. Su blanco vestido le llegaba hasta poco encima de la rodilla, con delicados encajes de color negro y zapatos del mismo color blanco inmaculado. ¿Por qué estaba allí, ante las puertas de una ciudad fortaleza? ¿Aburrida, tirada en el suelo, a punto de dormirse? Como muchas otras veces, ella y un desconocido acompañante habían sido asignados a una, sin lugar a duda, interesante misión. Una ciudad misteriosa, ajena a muchos archivos, cuyas puertas cerradas impedían a todos entrar. ¿Quizás tuvieran miedo a las cadenas? Cadenas que como muñecas endemoniadas danzaban en aquellas tierras desiertas como espectros y mataban a aquellos que, por cuestiones del destino se encontraban fuera de las murallas.  ¿Donde estaban aquellas cadenas? Quizás vagando por aquél desolado lugar, a punto de comerla viva. ¿Le interesaba? No, porque era más maldita que un niño del infortunio, porque era venenosa y terrible cuando se lo proponía, porque no tenía intención de dejarse tocar por NADIE, a menos que ella lo deseara.

Si ella pudiera cambiar su pasado, desearía poder crecer en compañía de su hermana, sonreír junto a ella, ser querida como ella. Pero no, ella no estaba dispuesta a cambiar el pasado, ella quería cambiar el presente, para así formar un futuro mejor con sus propias manos. Sus orbes se entreabrieron, brillando con luz propia a la par que su mano se extendía hacia el azulado cielo y en sus labios una ladina sonrisa tomaba forma. Aun así, no había forma para que su hermana la quisiera, no habría forma para que el odio que hacia ella profesaba desaparecería. A nada sería si Dia la amaba, Dai la odiaba. —Tienen diez minutos... Si no me abren, entraré y los maldeciré— Levantó su voz, esperando que aquellos del otro lado la escucharan y decidieran hacer como la Baskerville ordenaba. Cerró sus ojos y volvió a bajar su mano, apoyándola sobre su vientre, dejándose llevar por el sisear del viento. Días atrás... ¿O habrán sido meses?... Tiempo atrás había conocido un enmascarado muchacho cuyo nombre y apodo habían quedado grabados en su mente, en las páginas que estaba segura alguna vez haber leído. ¿Qué decía aquél libro de historia acerca de un Lelouch?... ¿Nada?... —¿Qué estará haciendo ese sujeto?— Preguntó al aire, un mero susurro, propio de una persona cuyo mundo pertenecía más al de ensueños que real. Dia había caído ante los encantos que el mundo de ensueños le podía ofrecer, con los cálidos rayos de sol como única manta y su rojiza capa como cama. Podía dormir en cualquier lugar, de hecho, era de por si extraño que lo hiciera ¡Pero no se podía rehusar!  Como un dulce arma la hacía caer entre los brazos del sueño, ignorando completamente la posibilidad de ser matada por una cadena, o por el egoísmo de los ciudadanos de aquella ciudad. La castaña era ese tipo despreocupado de persona, que con un simple y único acto podría torturar de miles de formas una persona. Mentalmente. Con dulces palabras, venenosas palabras de contexto dudoso.


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Mensaje por Lelouch Lamperouge el Sáb Abr 05, 2014 6:22 pm



Ô souffrance

The wolf and the little red riding hood
 •Soundtrack•




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Aquella misión en verdad me ponía los pelos de punta, no sabía porque pero no me sentía comodo con ella signada, no sabía muy bien el porque, pero creía que era mejor negarse a ir a pesar de que me requirieran a mi ex-proceso, lo que lo hacía aun más sospechoso.
Pero no había más remedio, tenía que ir.
Tomé un carruaje desde la mansión Baskerville, sacándome el casco una vez dentro del vehículo para poder respirar con mayor facilidad.
El buen tiempo cada vez era más común y aquellas ropas en verdad asfixiaban un poco al ser oscuras y de cuero, pero eso no podía ser impedimento para no llevarlas, al fin y al cabo no era normal que un enmascarado fuera en pantalones cortos y una camiseta de manga corta, eso era impensable y tampoco es que me gustaran esa clase de atuendos, prefería soportar el calor.

Una vez llegamos me puse el casco y pague al hombre el importe del trayecto descendiendo del auto pudiendo comprobar el absoluto silencio de aquella ciudad.
Campos de trigo totalmente amarillos rodeaban a lo que parecía una fortaleza desde donde unos guardias gordinflones y totalmente inexpertos me miraban con aire de superioridad como diciendo que sin su consentimiento no entraría jamás en esa ciudad.
Una ligera risa escapo de mis labios y simplemente lo deje pasar caminando hacia la puerta con tranquilidad, quizás mi compañero de aquel día ya estaba dentro, aunque no se porque lo dudaba, aquello estaba demasiado calmado como para que hubiera un Baskerville tras esas puertas por lo que me detuve y me pare a mirar alrededor hasta que vi a alguien tirado sobre el césped.

A simple vista csi pudiera haber jurado que aquello era un cadáver, pero no era así, el rojo que lo envolvía era la capa de color rojo que nos diferenciaba de las demás gentes comunes, al fin y al cabo eramos los dioses de la muerte, shinigamis.

Me acerqué en completo silencio entre los campos amarillentos hasta un árbol próximo a aquella figura teñida de rojo apoyándome detrás del tronco-hace buen día para tumbarse bajo este sol no?-comenté aun sin mostrar quien era mirando de reojo fijándome en quien volvía a ser mi compañera para esa misión-aunque no deberías hacerlo si no quieres resultar muerta, en verdad hay muchas chains por aquí sueltas-comenté aun sin mostrarme a los ojos de Dia intentando alargar ese momento de misterio.
Pero acabe saliendo del árbol sentándome a su lado colocando mi cabeza la suya tapándole el sol para que no la deslumbrara a la vez que me sacaba el casco y la miraba-volvemos a encontrarnos no es asi Dia?-sonreí levemente sintiéndome seguro al encontrarse mi rostro oculto tras las altas hierbas amarillas impidiendo que nadie mas que no fuera ella pudiera ver mi rostro.

Aun ni si quiera sabía porque hacía eso...no sabía que me había inspirado a sacarme el casco, ni ese día ni el primero que me encontré con ella...no tenía ni idea, pero de alguna manera sentía que aquello no estaba bien...aunque fuera noble de mi parte mostrarle mi rostro a ella, sentía que no estaba bien, que con eso solo la engañaba más...al fin y al cabo todo había empezado como una coincidencia, una inevitable escena...
Desde muy lejos había visto una capucha color rojo y ella como una misteriosa sombra negra la tomaba entre sus brazos salvandola de la muerte y a pesar de que un mal presentimiento le había recorrido el cuerpo se había quedado a mi lado y deliberadamente tomo el mal camino, el más directo hasta mi para llegar cuanto antes al ansiado final.
Nuestro encuentro solo señalaba el fin...todos nuestros encuentros, porque estábamos maldecidos, tanto ella como yo, nuestro destino jamás cambiaría, no cambiaría...aquella solo podía ser la historia de una caperucita rojo y un lobo feroz.
Pero...aun así...aunque ambos supiéramos el final ella continuaba caminando por ese mal camino hacia mi mientras yo la acechaba detrás de un árbol y ella pasaba fingiendo que no me veía, que triste.
No percibe mi mirada...mi voz no llega, solo un suspiro se oye al unisono.
Porque no puedo hablarte, porque no puedo tocarte, ni si quiera sentirte? Acaso dejaste que el viento te llevara en estos días y ya no estas aquí? Como sea...supongo que esta bien, lo importante es que estés aquí.

Sacudí la cabeza porque estaba pensando todas esas cosas? Acaso era amor? No...no podía llamarlo de esa forma...era mejor no utilizar palabras, pues el final para ambos jamás cambiaría y aferrarse a ese sentimiento era demasiado volátil...tenía que apartarla de mi lado antes de que aquel sentimiento se hiciera más fuerte...tenía que devolverla al buen camino, alejarla del lobo malvado y feroz que era yo.
Cuantas veces le había pedido que toda la maldad me abandonara? Cuantas veces le había pedido a Dios que me concediera tales sentimientos para sentirme normal y jamas me los había concedido?  Porque tenían que despertar ahora cuando no los necesitaba y solo ansiaba conseguir un objetivo?
Solo debía centrarme en la venganza...sin distracciones, si nada más...

Mientras pensaba todas esas un leve suave color rojizo tiño mis mejillas sin que casi me diera haciendo que apartara la mirada de la suya por unos segundos con el ceño fruncido algo molesto por todos aquellos pensamientos.

No había posibilidad, al fin y al cabo ella y yo eramos como el lobo y caperucita roja, no obstante y solo por eso, siempre estaría esperándola al otro lado del árbol.


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Mensaje por Dia Baskerville el Miér Abr 09, 2014 11:51 am



♣Ô Souffrance♣



Sus castañas orbes se abrieron, ignorando aun así el sol que por encima dañaba sus ojos, aquella voz. ¿De quién sería? Le parecía tan conocida... Ah... Aquellas hermosas palabras a ella otorgadas por aquél misterioso muchacho que se consideraba el vacío, lo inexistente. De sus labios estuvo por emerger el nombre ajeno. Lelouch. Calló y esperó, volviendo a ocultar sus orbes, dejándose llevar por las palabras contrarias, solo en un principio, solo instantes antes de sentir como la sombra caía sobre su rostro, dándole la posibilidad de, finalmente abrir en totalidad sus ojos. —Lelouch...— Pronunció quedamente una vez sus orbes se toparon con las ajenas. —El sirviente del viento que me salvó... Dime ¿Qué eres hoy? ¿Fuego, tierra, agua?... ¡Oh!— Sus labios se entreabrieron y sus ojos, maravillados se abrieron de par en par. Allí estaba él, detrás de ella, agachado a su lado, sin su casco que le pudiera impedir ver su figura. Su corazón sin poder evitarlo dio un vuelco, empezó a latir con fuerza, ilusión, casi pasión, algo que, jamás antes había podido probar, un dulce y... aterrador sabor. Lelouch Lamperouge, un muchacho que había bastado una vez para que llamara por completo la atención de una muchacha cuyo único interés en ese mundo había sido el saber y su propia hermana gemela ¿Mayor con cuanto? ¿Miserables segundos, escasos minutos? Pero ella era suya, compartía su propia sangre, eran el uno u otro lado del espejo. La quería tanto, se sentía tan celosa... ¡Pero ese muchacho que ahora brillaba bajo la luz del sol la miraba a ella! ¡¡Miraba a Dia, no a Dai!! En sus orbes se reflejaba el espejismo de Dai y aun así, su atención, su amor no era dirigido a su gemela, sino a ella, a Dia, a la parte oscura y maldita. Sus ojos se suavizaron al cabo de pocos instantes, entrecerrándose con una dulce y calmada sonrisa. —¡Estás brillando!— ¿Entidad maldita? ¿Vacía? Para ella él brillaba, porque aunque siendo un fantasma, él era el culpable de que su corazón latiera, de que su sonrisa danzara en sus labios con tanta vehemencia, de que su sonrisa brillara, de que la sombra que siempre la había perseguido se diluara con el tiempo.

Aquél carmín de sus mejillas no le pasó desapercibido y aunque no entendía el motivo de aquella acción, ambas manos de la castaña se levantaron y sujetaron el rostro ajeno entre las propias, mirándole con curiosidad y cierta diversión. —Tus mejillas... Te sonrojaste, que lindo— Una lobuna sonrisa danzó, a la par que le soltaba y lentamente se incorporaba, volteando hacia él, aun sin levantarse, únicamente permaneció arrodillada y su cuerpo se levantó, para poder permanecer a la altura ajena. ¡Era un juego! Le atraparía en su red ¿Caería bajo su encanto como todo los demás? ¿Qué era el sentimiento que sentía por él? La aterraba, era desconcertante, nunca antes sentido. Una vez más ambas manos se apoyaron sobre las mejillas ajenas y ella se acercó, peligrosamente a él, más su única intención fue la de poyar su frente sobre la ajena y mirarle así fijamente, casi como si intentara rebuscar en sus sentimientos y descubrir que cruzaba su mente. —Aquella vez no te lo dije. Pero las personas aun teniendo una perspectiva de ellas mismas, cuando alguien más piense en ella, ya no tendrá razón. Uno se convierte en dos, dos pasa a mil... Mil se convierten en cien mil... Todos piensan diferente a ti acerca de ti... ¿Serás capaz de mantener la cordura?— Sus palabras rozaron la locura. La mentira era verdad y la verdad se convertía en mentira. ¿Quién tenía razón si de por si esta no existía? Ella confiaba solo en lo que para ella era, la percepción ajena la pasaba por alto, jugaba con ella, se burlaba de ella si era pronunciada en voz alta, frente a ella. Ella era la verdad, la verdad era aquello que pensaba ella sobre los demás, esa era su verdad, ignoraría las ajenas. Lentamente se alejó del ajeno y se levantó, dejando que su rojiza capa se ondeara con el viento, en compañía de sus cabellos y, con un simple ademán de su mano limpió la posible tierra que en sus ropajes pudiera haberse colado. Su mirada viajó hacia el frente, en dirección al guardia que la miraba con cierta dudosa mirada. —No moriré ¿Olvidaste nuestra promesa, Zero?— Ambas manos se juntaron detrás de su espalda mientras ella se inclinaba hacia él, sonriente cual infante en un colorido día.

Cortos segundos cayeron al suelo, desapareciendo por nunca haber existido y la mirada de la elegida por el abismo una vez más se levantó al guardia, al mismo tiempo que se incorporaba una vez más, solo que, sus manos siguieron detrás de su espalda. Una compleja sonrisa se apoderó de sus labios y comenzó a andar hacia el frente, pasando a un lado de Lelouch. —Te tardaste, mi compañero fue amable y ganó un poco más de minutos para ustedes, pero ya me cansé.— Ladeó su rostro, con inocencia aun cuando sus palabras retumbaron en el silencio con cierta crueldad, jamás pero su dulce voz cambió. —Te maldeciré~ A ti, a tus hijos, a los hijos de tus hijos. ¡Hasta que no quede nadie en pie!~— Sus orbes se cerraron, como si sus palabras realmente no tentaran al mal, como si se deleitara molestando, asustando a otros. —¡Tienes otro tres segundos!— De golpe volvió a levantar las manos al cielo, antes de extenderlas a un lado y otro de su cuerpo y empezar a dar vueltas sobre el propio eje, una y otra vez, causando que la rojiza capa danzara al compás de su blanca figura y sus castaños cabellos se balancearan. ¿Quién decía que ella era una normal y corriente muchacha? La oscuridad y soledad siempre habían sido sus únicas amigas, nadie le había dicho como comportarse, lo que se debía y aquello que no se debía hacer. Las doradas luces del abismo siempre habían brillado con ella, misteriosas, calladas. Aquella persona, aquél guardián casi desconcertado retrocedió, más jamás la dejó pasar, tacaño como era. —Uno... Dos... ¡¡Tres!!— Paró, disgustada y necesitó únicamente levantar su mano hacia él, para que su cadena apareciera, a escasos centímetros y esta a su vez, utilizar sus poderes sobre el hombre, que de inmediato pareció caer bajo su poder. Como hipnotizado, sin mirar a nadie en concreto, dio media vuelta y abrió el portón utilizando una antigua llave, dando así paso a la ciudad. —Señor, bienvenido de vuelta— Pronunció en voz alta, posicionándose a un lado de la puerta. Dia sonrió, de oreja a oreja y se encaminó al frente, hacia aquél hombre. —¿Ves como puedes ser obediente?— Un rápido golpe en la nuca y el hombre cayó como saco de patatas, Nyx, su cadena, despareció sin dejar rastro.

"Que tengas hermosos sueños."

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Mensaje por Lelouch Lamperouge el Mar Abr 22, 2014 7:20 pm

[quote="Lelouch Lamperouge"]


Ô souffrance

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Porque tenia que ser así? Porque ahora que había prometido dejar todo de lado aparecía ella? Porque no nos habíamos conocido hacia años en el la villa Marianne donde corríamos libres detrás de las mariposas mientras los rayos del sol bañaban nuestros rostros? Porque no podía ser de esa forma? Quizás si estuviéramos en aquella época pasada Dia podría haber sido mi prometida, una noble que se casara con un honorable y respetable príncipe de Britania.
Pero todo había salido mal para los dos...ella había acabado loca por culpa de su hermana y yo había acabado majareta por culpa de mi propia familia y de la sangre...ese líquido carmesí tan adictivo.

Sonreí de nuevo comprobando lo tierna que podía ser cuando conservaba la cordura. Era una niña, no distinguía el bien del mal, no entendía, no quería entender, pero quien quería? Todos acabamos locos, en aquel estúpido y loco mundo, no había nadie que estuviera cuerdo, ni si quiera el hombre mas feliz del planeta, ni si quiera ese, ni si quiera el más afortunado, nadie se salvaba de visitar un psicólogo, aquella cosa tan moderna que se había inventado no hacía mucho-mm...creo que por hoy solo seré el sirviente de Dia-dije con total tranquilidad ignorando a los elementos de la tierra que conformaban al hombre-no quiero que ninguno de esos elementos intente robarte de mi lado ahora que hemos unido nuestros destinos hasta la muerte, es algo que no te perdonaría jamás-comenté de forma algo fría siendo sincero y a la vez para que no mal interpretara mis palabras como algo más de un simple pacto, aunque sinceramente así me hubiera gustado que fuera..en otra época.
No obstante sus ojos se entrecerraron pareciendo brillar con vida propia, aunque bien podía haber sido un rayo de sol que se había colado entre mis oscuros mechones posándose sobre sus orbes-”estas brillando!”-volvió a decirme como aquella vez en la inmensa oscuridad del abyss. Porque tenía que hacerlo así de difícil? Porque tenía que decirle a un ser oscuro manchado de sangre que brillaba cuando solo era el sol que me hacía parecer brillante?-No Dia...-susurré pero fui interrumpido cuando posó sus manos sobre mis mejillas aclarando lo que ya sabia. Cogí sus manos con las mías, enfundadas en dos guantes de cuero negro, para apartarlas con delicadeza de mi rostro-No Dia, no brillo, solo es el sol que te hace delirar haciendo creer que tengo luz propia como una estrella, pero en realidad, solo es una mentira más que oculta la triste realidad-comenté saltándome por alto toda mi historia y el comentario sobre mis mejillas.

Me eché levemente hacia atrás cuando se levantó pensando que nada ocurriría haciendo que llevara el casco hacia mi rostro parando en seco cuando tomo mi cara entre sus manos acercándose peligrosamente a este haciendo que me agachara levemente desechando la idea de ponerme el casco. Mi corazón se acelero fuertemente pudiendo notar su respiración a escasos centímetros de mi rostro y mis labios sin que pudiera apartar mi violácea mirada de la suya. Un juego...casi lo podía leer como un libro abierto, para ella aquello solo era un juego...no obstante...podía leer algo más en el fondo de esos oscuros ojos marrones, esos enormes ojos castaños...que era esa última pieza que no encaja con el resto de las del puzzle? Acaso se estaba transformando? Acaso no todo era un juego? Dejé que apoyara nuestras frentes sin apartar mi mirada de la suya en ningún momento relajándome levemente al saber que no intentaba nada mas allá de lo que las leyes de la razón permitían-es imposible que mantenga la locura cuando ya estoy loco no? Y cuando estas loco el problema es que todas esas opiniones de la gente te dan igual, solo sigues tu propio camino, el que poco a poco te has ido trazando al ir apartando a todos, incluso a los que te importan-volví a tomar sus manos entre las mías-por eso...-susurré en un hilo inaudible de voz parando al instante mientras ella se alejaba sin escuchar nada dejando que mis ojos se ensombrecieran y fueran tapados por mi flequillo dejando vagar por unos segundos todas aquellas pesadumbres que me rondaban por mi mente.

Rápidamente volví a depositar de nuevo el casco sobre mi cabeza observándola a la vez que me erguía para caminar junto con ella siguiéndola con mi mirada ahora oculta por la carcasa facial.

“No moriré”

¿Cuál es el parásito más resistente? ¿Una bacteria? ¿Un virus? ¿Una tenia intestinal? No. Una idea. Resistente. Altamente contagiosa. Una vez que una idea se ha apoderado del cerebro es casi imposible erradicarla. Una idea completamente formada y entendida, que se aferra...
Ninguna idea es simple cuando se necesita implantarla en la mente de otro...pero es posible.

”Estas muerto”

Dos ideas completamente opuestas, dos ideas nacidas de la misma fuente. Morir. No morir. Esa era la cuestión.
No obstante, y el dilema de todo aquello era que la idea implantada en mi mente era la primera, no la segunda.
Mi padre había implantado la versión más simple de la idea para que creciera naturalmente en mi mente, y esta semilla plantada, enterrada y arraigada en lo mas profundo de mi ser había crecido hasta convertirse en una fuerte idea. Una idea que me definía. Una que originó un cambio... una que cambio todo mi ser...
Él había infectado mi mente...había creado una idea que me poseía. Esa idea, tan simple, que lo cambiaba todo. Que estaba muerto. Que tenía que despertar para volver a la realidad, que para volver a casa debía suicidarme de nuevo.

Regresé al mundo de los vivos y negué a las palabras de Dia-como olvidarlo? Al fin y al cabo yo prometí lo mismo, y no pienso ser el primero que la rompa-comenté sin dejar de sonreír alegremente a pesar de saber que no lo vería...aquella sonrisa...más falsa que la de un ladrón, aquella mirada entrecerrada, feliz, aquella mirada que no tenía vida, una mirada apagada, que no podía transmitir nada...nada excepto maldad y falsedad.
Sin embargo volví a tornarme serio a los pocos segundos. Tenia tan mentalizado aquello de sonreír falsamente que esta incluso lo hacía con la mascara puesta donde podía mostrar mis facciones y gestos sin mentir, menuda estupidez.

Continué sin dirigir palabra dejando que Dia se encargara de los hombres que custodiaban la ciudad desde sus torres. Al parecer unos simple mortales no significaban nada para la Baskerville, aunque no era de extrañar. Por lo que pudimos entrar sin problemas y por la puerta grande dejando que todo el mundo, más bien los pueblerinos se quedaran parados en seco a nuestro paso mirándonos con miedo apartándose, como si fuéramos proscritos o algo peor en aquella época y ciudad...chains.
Saqué un papel del bolsillo solo para asegurarme de lo que teníamos que hacer a pesar de que lo había estudiado con bastante profundidad en el camino hasta aquella ciudad perdida entre la maleza rodeada de peligros-tenemos que ir a aquella casa-dije señalando una enorme mansión con altos torreones negros en bastante malas condiciones donde parecía no habitar nadie-dicen que pasan sucesos extraños...quizás allá un agujero del abyss y por eso estén apareciendo tantas cadenas por la zona...-suspiré-esto debería ser trabajo de Pandora y no nuestro-comenté algo molesto sin dejar de andar-o también podría ser uno de los sellos quien esta perturbando la estabilidad del pueblo-dije atravesando el pueblo lo más rápido que pude sin pararme si quiera a mirar los diferentes puestos que había ofreciendo buena y deliciosa comida entre otras cosas como abalorios , collares y sortijas.
Comenzamos a subir la colina hasta llegar a la puerta de la casa. Me quede mirando por unos segundos la estructura. Desde cerca aun parecía que se iba a caer antes. Todas las maderas habían sido devoradas por las termitas y parecía que todo el edificio por dentro estaría igual teniendo en cuenta que era de madera como se hacían antiguamente. Empujé la puerta y esta rechino hasta que finalmente no pudiendo soportar el roce se derrumbó provocando un sonido sordo que se extendió por la oscuridad de toda la casa.
Las ventanas estaban tapiadas y la luz apenas entraba en el interior de esta-creo que necesitaremos de nuevo a Nyx, a no ser que quieras caerte por un agujero-comenté entrando sin miedo a pesar de que aun no había luz en mi camino-siento hacerte usar tanto tu cadena, siempre te traigo a sitios oscuros-comenté casi como si aquello fuera una excursión y el destino lo hubiera elegido yo aunque eso distaba mucho de la realidad-no te separes por mi, conozco demasiado este tipo de casas, son demasiado traicioneras...-dije esperando a sentirla detrás mía para continuar andando pisando con seguridad escuchando los sonidos de las tablas rechinar bajo mis pies amenazando con partirse dejando que de nuevo aquella infecciosa idea penetrara en mi cabeza haciéndome recordar aquel blanco edificio de marfil alrededor del cual solía jugar, ahora completamente derruido.

Una idea es como un virus. Resistente. Altamente contagiosa. La más pequeña semilla de una idea puede crecer. Puede crecer para definirte o destruirte. La más pequeña idea como: "Estas muerto". Un simple y pequeño pensamiento que lo cambia todo.


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