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Mensaje por Dia Baskerville el Miér Mayo 21, 2014 6:58 pm



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¿Estaba loca? ¡Estaba loca sin duda alguna! Loca, demente, alocada, majareta, vayan siendo dichos sinónimos tras sinónimos cuales más les guste y cuales menos, pero al final siempre a ello llegaríamos: Esa muchacha estaba dominada por la locura. ¿Poseída o simplemente fuera de cabeza? Seguramente si un exorcista, siempre y que existieran, se verían frente a aquella muchacha, perfectamente podrían ver una santa o una mujer poseída por el mismo demonio. Pero... ¿Qué había de cierto en todo ello? Lo mismo que decir que ella era lo que aparentaba, una inexistencia llevada al mismo borde de lo real. Y era así como alguien que no seguía moral ni norma de convivencia alguna hacía únicamente aquello que por su mente pasara, aunque sea únicamente tirarse de un árbol y esperar que el viento la rescatara o ¿Por qué no? Aquél enmascarado que para el viento trabajaba, pero no, sabía a la perfección que su destino aquél día no era el de encontrarse con su antiguo salvador, con su pequeño juguete, tanto por no decir con su amor, solo para no transformarlo en desamor. Y aun así, allí estaba ella, adentrándose en el bosque como en busca de quién sabe que fantástica criatura, con una alegre sonrisa de exploradora estampada en su rostro de porcelana y, con unos divertidos y acompasados saltitos de infante. ¿Era una niña? ¡Claro que no! Aunque nadie le impedía comportarse como una, pues ya dicho, carecía de moral, de deseo o de sentido común existente, así que, únicamente haría lo deseado en el momento y por el motivo querido, tan fácil como eso. ¿Lo que esperaba encontrar allí? Quizás un unicornio, un pegaso o... ¿Por qué no? Un Kappa... Creía en ellos, tanto como creía en un cerdo azul... ¿Resuelve eso sus dudas? ¿No? Pues quedemosnos con la idea que para la Baskerville todo podía existir, si habían cadenas, manchas de luz en su visión y reencarnaciones de hace cien años... ¿Por qué un Pegaso o un Kappa no deberían de existir? Así funcionaba su mente pues, simple y a la vez demasiado complexa para la mayoría de la gente. Una mente enferma, loca, demente... Divertida, infantil y cuerda. Ella era un espejo, no únicamente físico de Dai, su gemela. Paró de sopte y levantó su mirada al cielo, mejor dicho, a las hojas que impedían a los rayos del Astro Rey filtrarse en aquella espesa jungla de flora y fauna jamás antes vistas. —Vieeeeento~— Gritó sin razón alguna al cielo, juntando ambas manos detrás de su espalda con una sonrisa de hito a hito. —Me aburro taaanto~ ¡Envía a alguien más a que me haga compañía!~— Un grito más, casi cantarullando aquellas palabras.

Un hecho que muchos sabían era que la muchacha de castaño cabello odiaba y temía al silencio, aquella vasta señoría sin resonancia o siseo alguno era su peor y más grande enemigo, lo odiaba tanto, tanto, taaanto que incluso vendería su alma al diablo con tal de destruir el silencio de su faz de la tierra o al menos, formar una promesa con él para que jamás volviera a perseguirla, para que, de una u otra forma a su alrededor siempre resonara algo. Bufó con molestia y, desconcertada dio media vuelta y sin miramiento alguno siguió avanzando, saltando encima de una gran raiz que profanaba el cielo y de esta a otra más y otra aun, de sus labios, un siseo se escuchaba, una nana infantil, carente de palabras, carente de altura pero lo suficientemente presente para romper a trozos el silencio circunstante. Si solo tuviera el poder de hacer realidad sus deseos, hacía mucho habría abandonado aquél suelo tan mundano para observar a sus queridos, si es que existían, desde el caluroso infierno o el hermoso cielo. ¿Qué prefería? Un ser como ella que gozaba ante la matanza, que odiaba la calma y el silencio simplemente no podía estar en medio de ángeles, en el cielo, silencioso y pacífico, su índole la empujaban a la oscuridad, a caer siempre más y más bajo sin preocuparse en lo más mínimo de ello.  —No, no, no, no~ ¡Silencio vete! ¡¡Te destierro de este mundo!!— Levantó eufórica sus brazos al aire a la par que exclamaba aquella verdad universal para ella. Dio un saltito a la par que hacía voltear su cuerpo sobre el propio eje y así, otra voltereta más y una otra hasta que, su pie no tocó finalmente tierra firme, su brazo derecho se extendió hacia su derecha y tocó con la yema de sus dedos las mojadas hojas. Aburrida entrecerró su mirada y paró una vez más en seco, ladeando a un costado su rostro, haciendo caer libremente sus castañas hebras sobre sus hombros, vestidos con una rojiza capa que hacía muestra de su lealtad. Ella era una cazadora de almas, había sido elegida por la oscuridad del abismo y la figura de aquel ducado tanto despertaba en las memorias la figura de un shinigami, seres muertos que se dedicaban a recolectar almas. ¿Dia? Ella no era ni uno ni otro, ella era únicamente ella, tan fácil como eso, ella era un espejo, un espejismo que pretendía destruir la realidad porque demasiado aburrida para ella. El aburrimiento una vez más se apoderó de ella, si solo habría alguien, habría roto el silencio a base de jugar con él. ¿Sola? Sola era aburrido, era silencioso y eso, bajo ningún concepto lo aceptaría.

Finalmente, terminó por balancearse de un costado a otro en valía del aburrimiento. ¡No era bueno quedarse parados! ¡¡No señor!! La energía que jamás abandonaba su cuerpo siquiera en aquél momento estaba de acuerdo con hacer una excepción y, de una u otra forma debía cumplir con su cometido de matar al silencio, pero allí estaba el dilema: ¿Qué forma tenía el silencio? Si fuera un humano, una simple daga travesando su corazón bastaría, si fuera un animal, una flecha habría terminado con su vida... ¡¿Pero y si era como el aire: intangible?! Entonces simplemente respirando no mataría más que microbios. Sus orbes se entrecerraron hasta que fue demasiado y estalló. Sus brazos se extendieron a un lado y otro y sus pasos comenzaron a sonar en el silencio del lugar. Si existían las cadenas y debía de hacerlo también los animales voladores ¿Quién negaba la existencia del aire como forma humana? Quizás era una hormiga, una abeja... quizás... ¡Una talpa! Pero en algún lugar debía estar. Se agachó y levantó una piedra con curiosidad extrema.  —¿Silencio? ¿Estás aquí?— Parpadeó con desconcierto al ver solo una hilera de hormigas deambular con una dirección recta y, aburrida, dejó caer la piedra y se incorporó, con una descontenta y aburrida sonrisa en su faz.  —¡¡Moooooh!! ¡¡No seas malo!! ¡¡¡ME ESTOY ABURRIENDO!!!— Pronunció en voz alta, hacia ninguna dirección en concreto, únicamente dejó escapar un suspiro de pesadez y se dejó caer hacia atrás, sintiendo al instante el frío sentimiento de la hierba sobre su espalda, pero, nada paró sus malabarismos. Sin preocupación alguna empezó a girar en el lugar, casi berrincheando por el aburrimiento que estaba sintiendo. Uno, Dos, Tres... Pasaban los minutos... Cuatro, Cinco, Seis... Volvían atrás las horas.



 
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Mensaje por Shin Shiranui el Sáb Jul 05, 2014 2:38 pm

¿Qué era la demencia? Un estado mental el cual no eres capaz de controlar tus acciones por ti mismo, la capacidad de hacer aquello que nadie haría o diría en el caso de pensarlo. ¿Qué era la lógica? Aquella capacidad dada para poder razonar las acciones y pensamientos y poder escoger la más coherente. ¿Qué era un pensamiento? Eso era…justamente lo que recorría su mente como un mar en calma, lento pero inexorable.

Shin no sabía dónde se encontraba, y tampoco le importaba en exceso… la verdad era que poco le podía importar un lugar concreto a esas alturas. Paso a paso, tras haber aparecido en aquel remoto bosque desde las profundidades del Abyss, sólo le quedaba buscar algún tipo de entretenimiento ya que sólo había salido de esa oscura dimensión para eliminar ese insufrible sentimiento que era el aburrimiento. Como un veneno en sus venas, se incorporaba en su cuerpo y era prácticamente imposible eliminarlo… ¿qué podía ser peor para alguien inmortal como era él? Era uno de los peores castigos que podía recibir, además de ser completamente sencillo caer en esa trampa. Paso a paso, se adentraba más en la frondosidad de aquella acumulación de árboles… y sencillamente no veía a nada. El silencio parecía envolverlo todo como una pesada capa… ¿qué había ocurrido con el sonido característico de un bosque? ¿Se había desvanecido? Cualquier tipo de signo de vida allí parecía ser inexistente…

No parecía ser un gran día para el kyuubi, haciendo que su entrecejo se frunciera con suavidad mientras se detenía y volteaba su mirada a su espalda. ¿De verdad que no había nada? ¿Había salido de un agujero oscuro sólo para meterse en otro algo más iluminado? ¿Qué clase de broma cruel era esa que le hacía el destino? Así que… con completa despreocupación, el cuerpo del chico se alzó en un salto para poder subir a una de las ramas de un árbol, sacando de una de las amplias mangas de su ropaje una pipa bellamente decorada estilo japonés, y tras provocar en la punta de uno de sus dedos una llamarada azulada, la acercó a la pipa para poder encenderla. Una suave calada avivó las brasas del interior de la pipa haciendo que sus pulmones se llenaran del humo proveniente de ese instrumento, y pocos instantes después una voluta de humo salía de entre sus labios como si de un suspiro se tratase. No tenía mucho más que hacer que dejar correr el tiempo, con calma y paciencia…como había hecho durante todos esos años…tenía todo el tiempo pensado y por pensar…entonces… ¿qué era un pensamiento? ¿Y qué importancia podía llegar a tener?

Justo cuando parecía estar enfrascado en aquello que había decidido que entretuviera a su mente, un gritó cruzó el aire como si de una daga se tratase, destrozando aquel dictador silencio que se creía dueño del lugar. ¿Una persona? Su mirada anaranjada se entrecerró mientras observaba hacía el suelo, intentando encontrar con la misma aquella persona causante de ese grito que se prolongó con algo similar a un canturreo, aunque al entender las palabras le hicieron gracia. Así que pedía compañía… no era algo difícil de proporcionar. Poco después pudo apreciar la figura de la culpable de desterrar al silencio, tal y como acaba de decir en ese mismo instante y en ese momento el de ojos anaranjados se fijó más en aquella joven: de figura delicada, pelo castaño y actos risueños y despreocupados. Le recordaba a alguien…a alguien quien fue muy apreciado por él…y un rostro apareció en su mente, claro y puro. Ah…aquella chica…esa chica que hacía casi un milenio había tenido a su lado y había desaparecido…

Siguió observando con su mirada aguda y astuta las acciones de esa joven, acabando por sonreír al verla levantar una piedra y llamar al silencio como si de un ser vivo se tratase, incluso llegando a berrinchear de manera infantil al no recibir respuesta alguna… ¿por qué no responderle? Dio una calada más a aquella pipa y se acomodó más aún en aquella rama, pero… dejando que su cuerpo cambiara de apariencia a un pequeño cuervo. Pasar de ser un zorro a un cuervo era un cambio muy destacado, mas solo era por divertirse… romper la monotonía, romper ese aburrimiento que se aliaba con el silencio.

- Eres ruidosa, humana. ¿Qué haces molestándome y buscando bajo piedras algo que no encontrarás? –acabó por pronunciar con un tono completamente desganado, aunque en sus labios se esbozara una sonrisa que no se podía ver tras esa apariencia animal que adoptaba, mientras alzaba una de sus manos que, para la vista ajena, debía ser una de las azabaches alas del ave. Quizas…sólo quizás…logrará ganar al aburrimiento ese día.
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Mensaje por Dia Baskerville el Miér Dic 03, 2014 1:57 pm



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Paró en seco, con su rostro hacia el cielo de azul pintado. ¿Quién había sido? ¿Quién había tenido la paciencia de diseñar el cielo de azul? Sabía que así lo había sido desde el principio, desde su creación, pero ¿Por qué azul y no blanco? ¿Por qué las nubes no eran las azules? ¿Por qué la hierba era verde y no amarilla? ¿Por qué el sol brillaba y no las estrellas tanto como él? ¿Por qué la noche era dominada por la luna y no por el sol? ¿Por qué no al revés? Ahora, la pregunta más importante de todas ¿Quién se atrevería a responder sus dilemas con palabras que ella aceptara? Cerró sus ojos y se removió suavemente, como si intentara buscar una posición cómoda que le permitiera estar tendida en el suelo como si fuera la cama de una princesa. Abrió sus ojos cuando no lo consiguió y con horror se dio cuenta que el silencio volvía a apoderarse de los alrededores. ¿Dónde se había metido el viento? Era mejor que se diera prisa si no deseaba morir bajo sus manos… ¿Dónde se había metido Zero? ¡Deseaba su compañía! ¡Su deslumbrante presencia! Ya ni intentaba llamar el dulce nombre de su hermana, sabía que ella no tenía la fuerza necesaria para pronunciarlo y que esta se doblegara ante su voluntad. Su amor, jamás le pertenecería. La había renegado, odiado, reducido a cenizas y ella había revivido como si fuera un fénix renaciendo de ente sus cenizas. Era siempre la misma historia, era siempre la misma lucha sin sentido, después de todo había sido creada por una persona que carecía de sentido común o de una moral que le impidiera hacer algo que los demás consideraban por incorrecto. ¿Matar? ¿Besar? ¿Caer en deseos carnales? Todo eso era algo de las muchas cosas que Dia podía hacer como si se tratara de respirar, de caminar y hablar. Un poderoso suspiro escapó de sus labios. Como si una luz rompiera el aire y quebrantara el silencio que se había formado a su alrededor. Que complicado era crear algo, que fácil era destruirlo… Ella prefería destruir, ver la desesperación en el rostro de las personas. Relamió sus labios, como si algo dulce hubiera probado.
 
¡Alguien quebrantó el silencio! Alguien la llamó humana y la ayudó a que todo se quebrantara como una piedra tirada en una ventana, como las ondas que formaba un objeto al ser lanzado contra la superficie del agua. Se levantó de un saltó y, con extrema curiosidad y expectación miró a su alrededor. No conocía aquella voz, pero, era suficiente para que llamara su atención. ¿Quién podía ser? ¿Quizás el viento habló? ¿Quizás el silencio se había decidido aparecer ante ella? Sus orbes se fijaron entonces en un cuervo posado en la rama de un árbol y sus ojos se abrieron de par en par. Dio un paso hacia atrás y sonrió con diversión y alegría. — ¡Hablaste! ¡Eres un cuervo que habla! — ¿Cómo alguien podía creerse algo así? Solo había que fijar atentamente sus ojos en ella, en su expresión risueña y ligeramente descolocada. Una mancha viva de locura y cordura que se mezclaban y dividían como el agua y el aceite. Caminó pocos pasos al frente, balanceando con el viento su capa de un color oscuro y sus cabellos castaños, por debajo, su vestido de color carmín y corto solo poco se podía ver, dependiendo del movimiento, de la acción. Paró a pocos pasos del árbol y levantó su mirada al alto, entrecerrando sus orbes. — ¿Eres el viento? — Calló y ensanchó su sonrisa. — ¿Acaso eres el silencio que decidió encontrar muerte entre mis manos? —Quizás decir que estaba sonriendo no sería lo correcto. En sus labios danzaba la sonrisa, pero una cruel y despiadada, una que parecía anhelar danzar entre lluvia de sangre y aun así desapareció tan rápido como un parpadeo. — ¿O eres un enviado del viento como Zero? —Sus manos se levantaron a la altura de su cuello, sus largos dedos se cruzaron entre si y ella ladeó su cabeza, en un acto inocente. No, algo no estaba bien… Frunció su ceño y dejó caer sus brazos a un lado y otro de su cuerpo. Dio media vuelta sobre su eje y comenzó a andar, en pequeños círculos y a paso lento, elegante.
 
Había hecho una pregunta aquél cuervo, había sido descortés en no responder ¿O acaso no? Mientras pequeños susurros de pesar salían de sus dulces labios, sus pasos encontraron paz y pararon de golpe, sin previo aviso. Volvió a levantar su mirada hacia el cuervo y después, hacia la piedra que había levantado antes. De nuevo hacia el cuervo. — Estaba buscando el silencio… Pero no sé cuál es su aspecto. —Pronunció con soltura. — Así que podría estar en cualquier lugar. Quizás incluso dentro de mi… — Frunció el ceño de nuevo, aquello no le agradaba para nada. ¡Para nada! Negó con el gesto de la cabeza. — ¿El señor cuervo sabe qué forma tiene el silencio? De esa forma no tendré que buscar bajo las piedras ni en el nido de los pájaros… Pero quizás viva en el sol o en la luna… ¡Seguramente es así! —Una risilla inocente e infantil se apoderó de sus labios y, dando pasitos al frente volvió cerca del pájaro negro, observándolo con sorpresa. — Allí no hay nadie, así que en la luna y en el sol debe de ser muy poderoso… ¿Cómo lo puedo matar? —Ladeó su cabeza, curiosa. Pero igual que sus preguntas habían aparecido de golpe, otro idea rozó su mente y, sin preocuparse extendió sus manos hacia el cuervo. — También quiero subir. —Un caprichoso deseo infantil. Tal y como ella, completamente carente de lógica, pronunciado con tanta seriedad que realmente dejaban pensar en ella como una loca. Porque lo era, nadie se atrevía a negarlo. Estaba demente, estaba rota, era un espejo, una ilusión, era la bondad y la maldad en el mismo cuerpo. Era la tragedia y la destrucción. Era el todo y el nada para su proprio mundo. Ella era… Dia.
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Mensaje por Shin Shiranui el Lun Dic 15, 2014 7:44 pm

Pudo observar con claridad como aquella muchacha, prácticamente de un salto, se incorporaba y comenzaba a inspeccionar lo que tuviera a su alrededor. Y claramente, poco tardó en ver al zorro…ups, perdón, digo~ al cuervo que estaba sobre aquella rama baja del árbol. Y a pesar de que es esperaba una reacción curiosa, no era precisamente aquella. Aquella mirada de la chica… eran tan risueña y alegre… que cualquiera diría que estaba programada para reaccionar así. Y a pesar de eso, los agudos y rasgados orbes anaranjados del kitsune captaron con claridad aquella locura latente en la castaña mirada ajena. Y a pesar de ello…no se extraño. Cosas peores había visto y tratado… una niña que le estaba diciendo que si era el viento no le iba a sorprender fácilmente. Y el resto de incoherencias tampoco… aunque una en concreto acabó por llamar su atención, causando que su mirada se torneara a un lado en un sutil gesto de pura curiosidad que, para qué mentir, debía de aparentar ser cómico para aquella chica que únicamente estaba viendo a un pequeño cuervo. Esa sonrisa… más bien, esa mueca… era absurdamente extraña en la joven. Y a la vez parecía quedar encajada perfectamente en el armonioso rostro de ella… ¿quién era esa chica? Lejos de sorprenderse, la curiosidad picó su mente. – Siento defraudarte, pero no soy nada de aquello que andas mencionando. ¿O acaso no ves lo que soy en realidad? –preguntó con una suave y armoniosa risa matizada con sarcasmo que lejos estuvo de llegar a los oídos de aquella muchacha de largo pelo oscuro, pues ella debió de escuchar el agudo graznido de un cuervo. Y para rematar aquello, sencillamente alzó en un suave y grácil gesto sus manos, siendo sólo visible la que poseía esa pipa aún encendida. Mas en la mente de aquella chica, todo debió de quedar visto como un suave aleteo de las intensas alas de color ónix del supuesto cuervo que tenía cerca.

Las siguientes palabras de aquella joven morena parecieron acordarse del interrogante que, segundos antes, había formulado el zorro, y el único signo de diversión oculta fueron alguna de sus colas agitarse en una suave y elegante cascada nívea, mas la visión del cuervo se amoldaba a un suave tic en la emplumada cola del susodicho ave. Esa chica… realmente estaba diciendo incoherencias. Tantas en tan poco tiempo… que inevitablemente hicieron reír con ganas al kyuubi, haciendo que diera una calada, segundos después, a la pipa que poseía en su mano. Y en medio del humo que salió de su boca, cierto vapor se debió de formar en la mirada de aquella chica que estaba encadenada a la ilusión que había formado, y en un sutil salto dejó que sus suaves y mullidas colas flotaran a su alrededor en un destello plateado a medida que sus pies alcanzaban con suavidad el suelo, y en dicho, momento, la ilusión fue destrozada, tan fácilmente como lo había sido segundos antes el silencio. Y por tanto, ante los ojos de la muchacha, debió de dejar ver a un pequeño y oscuro cuervo, poniendo en su lugar al majestuoso zorro que ahora se encontraba frente a ella. – Eres interesante, joven. Si me dices tu nombre, yo te subiré a esa rama. ¿Qué te parece? –fueron las palabras que, suaves y teñidas de una elegante diversión, mancharon la voz del kitsune, sin desviar su mirada astuta y rasgada de aquel peculiar tono anaranjado de la grande y risueña mirada contraria. Esa alegría que, al parecer, parecía estar mancillada de locura… de una simple e ingenua locura.
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