Il dolce suono || Privado

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Mensaje por Xerxes Break el Mar Feb 03, 2015 7:25 am

En apariencia una noche común en la Ópera, ocupando el palco siempre reservado para el Ducado Rainsworth por tener una de las mejores vistas hacia el escenario, con asientos y decoración exquisita como debía ser y, desde luego, una pequeña mesa para el té. Cualquiera sabría que esa familia ducal no perdonaría la ausencia de un buen mueble que les permitiera colocar las tazas de su bebida predilecta. El lugar recibió con la debida perfección a las dos personas que en esa ocasión disfrutarían de la presentación nocturna.

El albino no tenía ningún inconveniente en acompañar a su joven dama a la ópera, era uno de esos pasatiempos que a pesar de no ser en un principio afición suya, había aprendido a adoptar como si lo fuera. Era un buen lugar para estar alejado de los demás, pues aunque más abajo el lugar estaba lleno de nobles ociosos, no tenía que mezclarse con ellos y aparentar que los toleraba. La privacidad y comodidad del palco le permitía relajarse y desvariar si la historia cantada le aburría –lo cual ocurría con frecuencia–, podía dedicarse al ocio sin necesidad de alejarse de Sharon, así que estaba bien.

Pero en realidad, esa no era una noche cualquiera, era completamente distinta.

Años de práctica habían convertido al sombrerero en un hábil mentiroso y en ese aspecto nunca cambiaba, se necesitaba mucho más que un cuerpo próximo a atrofiarse para que Xerxes Break fuese honesto con el mundo. Estaba ahí, sentado sin dar todavía ni una sola queja, escuchando y en apariencia observando atentamente a la actriz de voz alucinante, pero, para su único ojo no había mas que una gruesa y pesada oscuridad. Ya estaba relativamente adaptado a su nueva condición, pero eso no aminoraba la sensación de frustración. Por obvias razones no podía quejarse al respecto con la chica, así que fingió un buen bostezo a pesar de que recién comenzaba la segunda pieza de la obra y recargó el rostro sobre su palma derecha, con el codo bien apoyado en el brazo del sillón.

A decir verdad la historia no estaba nada mal, pero solo escuchar no le sabía igual ¿o sería su humor el intolerable? –Debatir con Alice-kun sobre política sería más divertido que esto.– tarde o temprano tenía que quejarse ¿no? –O ver como Gilbert se mortifica por la próxima ceremonia en la mansión de Yura para Oz-kun– Días atrás el simpático grupo se había encontrado con el extravagante de Isla Yura y conseguido que accediera a hospedar la ceremonia para el rubio. Sería necesario organizar cuidadosamente a los miembros de Pandora para esa misión encubierta, no podían arriesgarse a que alguno lo arruinara pues sería imposible conseguir una segunda oportunidad. El plan ya había sido expuesto por el Duque Barma, solo faltaba la selección de aquellos que participarían en el evento.



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Mensaje por Sharon Rainsworth el Miér Feb 04, 2015 6:31 am

No todos los días tenía la oportunidad de asistir a la ópera, no al menos los últimos meses que habían estado más ajetreados que nunca. Darse un respiro de las obligaciones suponía un descanso que no estaba dispuesta a negarse, había trabajado toda la semana para tener esa tarde libre y ahora quería por un segundo sentirse como una señorita normal, en un palco normal, viéndo una hermosa obra de la manera más normal posible.Pero al parecer, la normalidad no cabía en su vida.

Apretó los binoculares de ópera que llevaba en la mano con exceso de fuerza mientras intentaba poner atención a lo que decía la cantante, y es que la obra era tan emotiva. ¡Tan emocionante! Pero una voz más que conocida comenzó a hacer interferencia con la triste historia de la mujer que intentaba llamar a su amado—. Break... —intentó que se callara por las buenas. Aunque sus deseos interiores le decían que lo más rápido y limpio sería clavarle el tacón del zapato. Pero tampoco es que el pie del sombrerero estuviese tan cerca de ella como para lograr un resultado eficiente y que alcanzara el objetivo.

Pero él seguía… Y Edgardo todavía no se enteraba de que la cantante ya era suya—. ¡Break! —repitió por segunda vez en un tono que no aventuraba un final positivo para la blanca cabeza del aburrido compañero que tenía. ¿Cómo podía no disfrutar de una historia de amor tan evidente? Ella por su parte tuvo que tomar un pañuelo y lo puso sobre su boca, sus labios temblaban al igual que supuestamente temblaba la cantante. Y cuando pareció terminar, sólo entonces, ella se calmó.

Apretó el pañuelo en su mano, dejó los lentes sobre la mesa y miró al de cabellos blancos que miraba el escenario como si no pudiera apreciar la belleza en el mismo—. Oh, Break, ¿Cómo puedes ser tan insensible? —casi dio un brinco en su asiento al percibir el cambio de música y bufó exasperada por una modificación tan modernista y extraña. No calzaba con la parte inicial de la obra—. Dejando de lado ese cambio tan... radical. ¿Que no percibes el juego de colores? ¿La expresión en el rostro de ella? Es la perfecta historia de amor trágico —le fue comentando de sus ideas y percepciones y luego apretó los labios. Debía moderarse, estaba trabajando en ello—. Yo sería tan feliz sintiendo ese tipo de temblor... —comentó muy por lo bajo y luego tomó el abanico que siempre traía para darse algo de aire en lo que esperaban que continuara la historia.  

Sírveme algo de té, por favor —pidió como siempre hacía, aunque la mesa estaba justo delante de ella. Pero le habían enseñado que una señorita se dejaba servir. Y ella tenía bastante claro que su misión en la vida era convertirse en una digna señorita Rainsworth, sin importar el costo. Por curiosidad miró hacia los oyentes que estaban más abajo, de los pocos que se veían, al menos el palco que tenían ellos mantenía la privacidad. Pero, no podía negar que le hubiera divertido compartir con otras señoritas ese momento. Una solitaria sonrisa acompañó su expresión y no le preocupó que Xerxes pudiera verla—. ¿Cómo lo haremos cuando estemos donde Yura? —finalmente si se decidió a hablar de trabajo, no tenía caso creer que podía ser sólo una señorita cuando el destino de tantos dependía de su trabajo. No, no quería que tuviesen lástima de ella. Lo había decidido por sí misma, y aceptaba todas las consecuencias del caso.


Letra in spagnol:
El dulce sonido
De esa voz que oigo! ... Ah qué voz.
¡Encrustrada tan profundo en mi corazón!
¡Edgardo! Soy tuya de nuevo.
¡Edgardo! ¡Ah! ¡Edgardo mío!
Sí, soy tuya de nuevo.
He escapado de tus enemigos... (Enemigos)
¡Mi pecho está frío!
¡Cada fibra tiembla!... ¡Mi pie tiembla.!
Siéntate conmigo, cerca a la fuente.
Sí, siéntate conmigo cerca de la fuente.


Última edición por Sharon Rainsworth el Mar Jul 07, 2015 5:18 pm, editado 1 vez




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Mensaje por Xerxes Break el Jue Jul 02, 2015 10:58 pm

Obvio que intencionalmente había hecho caso omiso de los llamados de atención de su dama y es que si él hubiese guardado silencio como buen sirviente, entonces Sharon ya no habría pronunciado palabra alguna. O al menos no con la continuidad que adoptó poco antes de que la música cambiara súbitamente. Tenía que admitirlo, esos largos minutos en la ópera habrían sido infinitamente aburridos si solo la voz de los actores se hacía escuchar. La nieta de Sheryl era para el sombrerero como el pastel en medio de un tedioso y formal banquete, daba a su vida el toque divertido y de vez en cuando una que otra sorpresa que lo hacía recordar que aún estaba vivo.

Por lo tanto, dar pie a una conversación-discusión era uno de sus pasatiempos. –¿Insensible?– repitió despegando el rostro de la mano que había estado usando como apoyo. Oh, seguramente sí encajaba bajo ese calificativo y a punto estuvo de fingir ser sumamente sensible y limpiarse lágrimas imaginarias con el puño, pero no. Canceló porque su intención no era precisamente hacer que la chica se perdiera de la historia en escena, y si llevaba a cabo esa ociosa actuación seguro que ella dejaba de prestar atención a la obra para golpearlo como otras veces había hecho con su cruel abanico. –Los colores son insuficientes para mi, Ojou-sama.– sobre la expresión de la cantante prefirió no opinar, ¡a saber qué cara ponía! ¿sufridamente anhelante o esperanzada soñadora? Encontrar demasiadas opciones le complicaba el atinar.

Oh pero no será una historia perfecta si al final los protagonistas consiguen vivir felices para siempre. Me pregunto cuál de los dos irá a morir…– comentó elevando lentamente su humor. Una historia trágica no podía considerarse verdaderamente como tal si tenía un final feliz, por muy romántica que fuera. ¿Aplastaría eso las ilusiones soñadoras de Sharon? Casi podía imaginarla llorando a lágrima suelta cuando el corazón de Edgardo o su enamorada se partiera por mitad. Suerte que además del abanico, tenía la señorita ya listo el pañuelo.

Como si pudiese ver guió la mirada hacia su casi literalmente eterna señorita y con expresión antipática mantuvo el orbe rojizo sobre ella. ¿Para qué quiere temblar de frío? preguntó en sus adentros con cierta molestia que cuidó no reflejar en el exterior. Bien sabía en qué sentido lo había mencionado Sharon, pero a veces era mas fácil hacerse el insensible y poco perceptivo.

En cuanto le fue solicitada una taza de té él abandonó su asiento para obedecer. Al menos cuando se trataba de esa clase de detalles no tenía ningún inconveniente en portarse como el sirviente que siempre decía ser, aunque no fuese oficialmente uno personal como lo era Reo para con el joven Nightray. Pero le gustaba verse a sí mismo como tal y los años le habían enseñado a leer parcialmente a su “ama”, lo suficiente como para darse cuenta que por unos segundos algo había cambiado en el ambiente de ese palco, siendo el asomo de Sharon hacia el resto del público el causante. Una idea pudo hacerse al sumar ese pequeño detalle al breve silencio que vino después, pero fue tan fugaz que no tuvo tiempo de ensamblar todos los elementos y asegurarse. Algo en su interior refunfuñó. Pero ahí debía quedarse ese disgusto, donde no pudiese ser palpable.

¿Cómo lo haremos?– repitió confuso parte de la pregunta. La expresión pensativa se consiguió rápidamente una plácida sonrisa mientras preparaba la bebida. –No hace falta que te preocupes por eso. Estaremos bien, así que… bastará con que tengas listos bocadillos y bebidas para recibir a Oz-kun y a los otros cuando todo ese teatro finalice.– dijo alegre dando los escasos pasos necesarios para acercarse a ella y hacerle entrega del té que había pedido. –No estarías pensando en infiltrarte junto con el resto ¿o sí? Un miembro importante de nuestro Ducado no debería ponerse en esa clase de riesgo. Lo sabes.– Ambos lo sabían, y él particularmente era consciente de que lo dicho no bastaría para convencerla, pero se apegaría al mínimo porcentaje que tenía de lograrlo.

Deja que los otros ducados pongan en juego a sus herederos. Con suerte nos libramos de unos cuantosEl Duque Barma por ejemplo, no piensa poner ni un solo pie en la mansión de ese sujeto.– el muy  bastardo había permitido que Reim se sumara al evento bajo la fachada de ser su representante, aún sabiendo que las oportunidades del castaño para defenderse en caso de peligro eran casi nulas. Con un imprudente tendría suficiente, no permitiría que Sharon cayera en lo mismo.

A la ópera dejó de prestarle atención, aunque si ella se centraba de nueva cuenta en la historia no se iba a quejar. Se abstendría de lanzar críticas sin sentido a las interpretaciones de los actores, era capaz de guardar absoluto silencio con tal de evadir el tema que inesperadamente había salido a flote.



FdR: Si el color mata se aceptan sugerencias(?)



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Mensaje por Sharon Rainsworth el Vie Jul 10, 2015 4:12 pm

Ese hombre no tenía remedio. Casi le explotó algo dentro al escuchar las ideas de su acompañante, y es que se notaba que no entendía el sentido de la vida. Lo peor era que ni culparlo podía, él ya había vivido toda una vida antes… Antes de deprimirse, lo miró con disgusto. No, era injusto que todos sufrieran—. ¿Qué tiene de malo ser feliz para siempre? La amargura no tiene porqué ser parte constante de la vida de una persona —si, lo creía firmemente aunque no lo practicara, y es que no podía. Las tristezas se iban acumulando antes de que ella pudiera hacerles frente, sólo le quedaba ser feliz con lo poco que mantenía.

Y la escena ya había dejado de interesarle en medio del escenario. Así que se apoyó en el respaldo del sillón mientras esperaba que le sirvieran el té. Cuál fue su ingrata sorpresa cuando las palabras que le devolvió el de cabellos blancos la hirieron en lo profundo. Se contuvo de llorar en ese momento, aunque tenía bastantes deseos de hacerlo. Nuevamente la estaba haciendo un lado, tratando de hacerle ver su poca valía. Y esta vez no se lo iba a permitir—. Pediré que preparen los bocadillos y las bebidas para cuando vuelvan, para que estés tranquilo —aseguró aunque en ningún momento aceptó que ella debía quedarse. Porque aunque fuera de contrabando iba a estar en medio de la acción esa vez. Hasta su abuela confiaba más en ella que Xerxes, y la ofensa que percibía con eso le dolía internamente, como si le acabaran de clavar una daga en una herida que ya tenía.

El té pasó a sus manos aunque algo le decía que ya no tendría buen sabor—. El Duque Barma no tiene la tendencia a asistir a menos que vaya también la duquesa Rainsworth. Pero yo no soy duquesa, así que no tengo porqué quedarme en casa —bebió un sorbo luego de esas palabras, y claro, el sabor del té no fue de su completo agrado. Le sobraba azúcar—. Te quedó muy dulce y no está lo suficientemente caliente, cámbialo —pidió dejando la taza en la mesa que tenía al lado, su abanico fue el único que comprendió su estado anímico, pues comenzó a trabajar para enviar aire y buenas vibras a la señorita antes de que intentara explotar todo el palco.

No puedo entender por qué me sigues tratando como si no fuera de utilidad. Sé que les di problemas en el pasado, pero ya no he vuelto a cometer esos errores, de hecho me han podido utilizar unas cuantas veces —varias para ser exactos. Si no fuera por Eques y el contrato que mantenía con ella, entonces el grupo habría estado perdido en varias ocasiones. Y ni que decir de la salud del anciano a su lado—. Tú de entre todos deberías entender, tu salud… ¡Ni siquiera te estás cuidando! —explotó finalmente y luego suspiró pesadamente. No, podía entender la preocupación ajena, pero estaban exagerando. Nada le pasaría esa noche.

Extendió una mano para tomar una galleta, pero en vez de llevársela a los labios se quedó mirándola, justo delante de sus ojos. Todos creían que era débil. Lo pensaban tan firmemente que ella misma terminaba creyéndolo también. ¿Por qué tenían que ser tan injustos con ella? Que no tuviera cuerpo de mujer no significaba que no lo fuera—. Todos estarán allí, creo que hasta la mayor parte de la familia Nightray. Y tú no eres el representante oficial del ducado Rainsworth, así que tu presencia no es la que debería estar ahí —tal vez comenzaría a practicar una ligera crueldad. Y es que estaba ofendida y molesta. Pero no se había rendido en sus esfuerzos. Ella iba a ir a esa fiesta, costara lo que costara. Ahora mismo había confirmado, gracias a las palabras del hombre, que ella debía estar en medio.

Una fiesta de mayoría de edad es un evento de nobles para nobles, soy parte de lo mismo. No puedes esperar que me quede angustiada en mi habitación, aguardando a que se dignen a darme noticias mientras ustedes se llevan todo el trabajo. Además, soy miembro de Pandora, tengo dobles razones para estar ese día donde Yura —dio sus argumentos antes de comer la galleta con la finura que la caracterizaba. Estaba esperando una nueva versión del té y al parecer habían cerrado el telón antes de comenzar el siguiente acto. El lugar se llenó de las voces que venían de quienes estaban en otros palcos y la galería misma, comentando lo que acababan de ver.


FDR: Quedé tan ciega como otras personas... Pero me aguantaré hasta el cambio de skin.




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Mensaje por Xerxes Break el Dom Jul 26, 2015 3:31 pm

No le gustó cómo sonó ese “Pediré”, tenía un matiz autoritario y cuando las palabras de su dama llevaban ese toque, eran claro aviso de que estaba entrando en modo rebelde, ¡como adolescente! Y el “para que estés tranquilo” le supo casi como golpe del harisen, casi. Iba a “recordarle” que efectivamente no era duquesa pero que algún día lo sería y si algo le ocurría, con ella moriría del Ducado Rainsworth, pero esa queja inesperada por el té le impidió soltar más palabras dañinas. La cara del tuerto reflejó sin tapujos su sorpresa e indignación, ¿en serio se estaba quejando del té que él con taaanta dedicación había preparado para ella? ¡Inconcebible! Bueno, no tanto. A decir verdad sí había colocado una o dos cucharadas extra de azúcar, pero era para endulzarle la vida, no porque quisiera inculcarle su enfermo gusto por lo dulce, claro. ¿No que la amargura no tenía porqué ser parte constante de la vida? ¡Para eso estaba el azúcar!

Lo que no comprendió fue el por qué de la fallida temperatura. Con la intención de corroborar esa parte del reclamo se empinó el rechazado té y en efecto, no estaba lo suficientemente caliente. No era mucha la diferencia, pero para alguien que tenía tantos años bebiendo té como lo eran ellos dos, un par de grados hacían la diferencia. Dejó esa taza a un lado e hizo un puchero de inconformidad, el cual borró en cuanto la posición dejó su rostro fuera del alcance de la vista de Sharon. Se volvió opaco, adjudicó ese fallo al tiempo extra que le llevaba preparar la bebida ya que el carecer de vista le significaba un esfuerzo extra para hacer las cosas con precisión, para no derramar los ingredientes en el proceso. Sí, eran segundos, pero existía una diferencia.

Tensó los labios para contener la mala sensación y al relajarlos de nuevo se dispuso a intentarlo de nuevo. Hizo “trampa” pues liberó una milésima más del poder de su chain para ayudarse a ubicar los utensilios con precisión y no dudar al agregar cada uno de los ingredientes. –Nadie te ha dicho inútil. – a propósito dejó intacto el tema de su propia salud, era un mal momento para hablar de eso. Siempre lo era. –Los Nightray son anormales. Casi todos. No te rebajes a su nivel de… imprudencia. – dijo sin remordimiento alguno, fingiendo un humor impecable. En cuanto tuvo listo el segundo té se lo entregó, con el bullicio del público como fondo.

Una vez que tuvo las manos libres robó de los finos dedos de su Señorita el trozo de galleta que le quedaba. Break comía en las buenas y en las malas, pero en ese momento fue un reto personal para su percepción natural, intencionalmente había “apagado” los poderes de Mad Hatter aunque pronto los necesitaría para complementarse y no ser evidente en su actual falla visual. Y lo consiguió, robó eficientemente la galleta, solo que no fue con el habitual descaro. Esta vez fue un movimiento cauteloso, por decirlo de alguna manera.

Se comió la galleta de un bocado, retomando la palabra en cuanto tuvo el paladar libre. –¿Intentas decir que soy yo quien sobra en el evento? Si es así siento recordarte que no eres duquesa, la decisión no es tuya– estaba siendo cruel de nuevo y le pesaba serlo con ella, pero prefería eso a poner su vida en peligro. Nadie sabía lo que podrían llegar a enfrentar en tierras tan lejanas y dominios de un loco fanatista de Jack Vessalius – y aunque pertenezcas a Pandora, como única heredera de la familia Rainsworth es más importante tu seguridad que tu participación en una misión. – Break sonreía como si lo dicho no fuese hiriente, como de costumbre dejaba de lado el sentir ajeno.

La espera no tiene por qué ser angustiosa, estaremos bien. – mintió descaradamente. Desde que el plan empezó a trazarse tenía un mal presentimiento, en el escenario habría exceso de elementos por los cuales preocuparse, todos de peso. –Además, ¡nos encanta trabajar! – soltó una risa poco medida y como el telón se retiraba en ese momento exacto, la breve carcajada rompió el silencio del lugar. De haber usado su atuendo habitual se habría cubierto la boca con la gabardina, el traje formal que llevaba esa noche no se lo permitía así que se conformó con soltar el lazo de una de las cortinas del palco para resguardar su presencia.

Se recargó de costado sobre la silla de la joven contratista, inclinando ligeramente el rostro como haría si pudiera verla de perfil. Extrañaba tanto… su imagen… –No insistas… Me encargaré de que todo suceda como debe.– pidió y aseguró en voz baja. ¿Serio o felizmente resignado? De repente llevó una mano a la cabeza de Sharon, un simple y tal vez infantil toque. Estuvo tentado a deslizar los dedos hasta hacer una caricia en su mejilla, pero consiguió contenerse a tiempo.



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Presente Re: Il dolce suono || Privado

Mensaje por Sharon Rainsworth el Vie Oct 16, 2015 6:32 am

Espero pacientemente a que le llevará la nueva bebida y cuando la tuvo en las manos supo en el acto que estaba mejor que la anterior. El aroma y como se veía parecía perfecto a su mirada de experta. Solo por eso no reclamó ante la injusta acusación que la tachaba de imprudente. Ella siempre se había asegurado de ser la perfecta señorita de buena familia. ¿Qué parte de su comportamiento podría tildarse de alocada? Falta le hacía de hecho el soltar un poco las amarras que la ataban a esa vida tan complicada.

La galleta que le acababan de robar le hizo fruncir el ceño pero ese hombre parecía no darse por enterado de las cosas que hacía. Tampoco de las que decía... Le dolió la forma en que se expresó sobre ella. Saber que él en particular, su hombre de confianza, guardaba tan pocas esperanzas en su persona la hería en lo profundo. Seguramente es porque está cansado de tener que cuidarte siempre. Se dijo a sí misma con pesar, lamentando ser tan poco útil en esas situaciones de riesgo—. La espera siempre es angustiosa, tú no lo sabes porque no te toca esa parte nunca —le dijo ya cansada de escuchar sus negativas crueles—. Además, puede que no sea mi decisión pero tampoco es la tuya —no fue capaz de añadir la palabra sirviente a la frase porque ella no era como él y no decía las cosas sin pensar en el resto. Pero estaba claro a qué se refería.

Tenerlo cerca de su silla no ayudaba a sentirse mejor, no busco la mirada ajena aunque podía verlo por el rabillo del ojo, seguramente mirándola. Y si lo veía directamente no tendría fueras para decir las siguientes palabras—. No voy a insistir y tú tampoco. Hablaré con mi abuela y voy a ir, fin de la conversación —al borde estuvo de golpearlo con su abanico pero se contuvo. Un tacto extraño le hizo subir el rostro y se encontró con la mano de él. ¿Creía que tratarla como niña significaba que ella seguía siéndolo? En años anteriores hubiese apreciado el gesto, ahora le sonaba ofensivo.

No hagas eso… —pidió y su mano subió hasta tomarlo de la muñeca y apartarlo de su cabeza, ese no era el modo de tocarla. Ella era una mujer, no importaba que no lo pareciera. Y tenía un corazón que se partía todos los días, indiferente a si los otros lo notaban o no—. No eres mi hermano mayor ni mi padre, así que no te preocupes tanto —murmuró muy bajo mientras las voces de los otros presentes se llevaban su sonido. Ella había sido la primera en llamarlo así, pero aunque él había renegado del apodo ahora resultaba que tomaba la ocupación como bandera y la usaba en su contra. Y Sharon ya estaba cansaba de que Xerx-nii no la viera como un adulto igualmente responsable y capaz de tomar las riendas de su propia existencia.

Tu también crees que no valgo mucho, como varios más —acusó sabiendo que no era cierto. Pero si alguna vez le dieran la oportunidad de demostrar que sí era útil y que podía hacerse cargo de las cosas, su vida seguro sería diferente, las personas ya no mirarían solo su físico. Con algo de suerte hasta le respetarían, incluso aquellos que la veían como un fino vaso de cristal, hermoso pero infinitamente débil. Rompible.




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